Gestionar el tiempo de pantalla de forma saludable
Calidad antes que cantidad
No solo importa cuánto tiempo, sino qué y cómo. Lo que se ve juntos, los contenidos tranquilos y adecuados a la edad son algo muy distinto de un goteo rápido y constante. El acompañamiento convierte el tiempo de pantalla en tiempo compartido.
Normas claras y tranquilas
Unos horarios fijos y previsibles funcionan mejor que negociar a diario. Las normas acordadas en común, como comidas sin pantallas y la última horita antes de dormir sin aparatos, dan seguridad. La fiabilidad evita las discusiones.
Cuanto más pequeño, menos pantalla
Para los más pequeños vale: cuanta menos pantalla mejor, y más mundo real. Los niños muy pequeños aprenden sobre todo con el movimiento, el lenguaje y la relación, no con las pantallas. Con la edad, el margen puede crecer poco a poco, siempre acompañado.
Proteger la tarde y la noche
La luz de las pantallas y los contenidos emocionantes activan y pueden alterar el sueño. Al menos una hora antes de dormir, los aparatos apagados y a calmarse. Los aparatos no deben pasar la noche en el dormitorio infantil, eso protege el sueño y la calma.
Ejemplo y alternativas
Los niños imitan nuestro propio comportamiento con los medios. Deja tú también el móvil a un lado y ofrece alternativas atractivas: salir, hacer manualidades, leer en voz alta, jugar juntos. El aburrimiento está permitido y despierta la creatividad; no cada momento necesita una pantalla.
Seguir hablando
Habla con tu hijo sobre lo que ve, sobre la publicidad, sobre lo que pasa en internet. La competencia mediática crece en el diálogo, no solo con prohibiciones. Mantente curioso y disponible, así tu hijo acudirá a ti también cuando tenga problemas.
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