Superar la fase de las rabietas
Qué le ocurre a tu hijo en este momento
Durante la fase de las rabietas, las emociones de tu hijo se desarrollan más rápido que su capacidad de controlarlas. La parte del cerebro que frena aún no está madura. Tu hijo no quiere fastidiarte: está desbordado por su propia rabia. Saber esto te facilita mantener la calma cuando la situación se complica.
Reconocer los desencadenantes
A menudo hay algo sencillo detrás. Una buena regla para recordarlo es HALT: hambre, enfado, soledad y cansancio. También las transiciones, la palabra no o el agotamiento son desencadenantes clásicos. Si durante una semana anotas brevemente cuándo y dónde estalla, suelen aparecer patrones claros, y así puedes prevenir.
Mantener la calma en plena tormenta
Cuando la rabia ya está ahí, el vínculo ayuda más que la educación. Respira tú primero. Ponte a su altura. Nombra la emoción: veo que estás enfadado. Reconócela: esto es frustrante. Después mantente amable y claro con lo que vale. Eres el puerto tranquilo, no el adversario.
Prevenir con pequeñas libertades
Muchas cosas se pueden suavizar antes de que estallen. Ofrece pequeñas opciones: la camiseta azul o la roja. Usa el primero-y-luego en lugar de prohibiciones. Anuncia las transiciones cinco minutos antes. Quien puede participar en las decisiones necesita pelear menos: la autonomía es una necesidad básica.
Lo que más bien perjudica
Gritar, amenazar, sobornar o escabullirse a escondidas funciona a corto plazo, pero a la larga perjudica: agrava la situación, daña vuestro vínculo o envía señales confusas. Si alguna vez se te escapa el tono, pide disculpas. Eso repara y le muestra a tu hijo cómo se hacen las paces.
Sé también bueno contigo
Las rabietas desgastan biológicamente: tu cuerpo reacciona ante los gritos. Está permitido que te retires un momento, si tu hijo está seguro, para respirar y luego volver. Turnaos, habla con otros padres, busca cursos o consejo. No tienes que hacerlo a la perfección.
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