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Consuelo

Consolar cuando las palabras no bastan

0–6 años · 6 capítulos

La cercanía habla sin palabras

Los niños pequeños a menudo aún no entienden lo que dices, pero sienten cómo lo dices. Tu cercanía, tu voz tranquila y tu calidez consuelan más que cualquier explicación. A veces, simplemente estar ahí es el mayor consuelo.

Dejar que hable el cuerpo

Tomarlo en brazos, mecerlo con suavidad o poner una mano en su espalda calman el sistema nervioso del niño. El contacto físico envía la señal: estás a salvo. Confía en que tu cuerpo dice a menudo más que las palabras.

No quitar importancia a los sentimientos

No tienes que resolver de inmediato la pena de tu hijo. Basta con sostenerla y compartir lo que siente, en lugar de distraer o calmar deprisa. Un sincero estás triste, estoy aquí consuela más que un no es para tanto.

Transmitir la propia calma

Los niños se contagian de nuestros sentimientos, tanto de los buenos como de los difíciles. Cuanto más tranquilo te mantengas tú, antes encontrará también tu hijo la calma. Tu respiración lenta puede mostrarle al niño alterado el camino de vuelta.

Dar tiempo

El consuelo no funciona apretando un botón. A veces un niño necesita unos minutos en tus brazos hasta que la tensión cede. Mantente paciente a su lado. No presiones para que el llanto cese rápido, sino acompáñalo hasta el final.

Escuchar al propio hijo

Cada niño quiere ser consolado de forma distinta, algunos necesitan un abrazo firme, otros un poco de espacio. Con el tiempo, aprende a conocer las señales de tu hijo. Lo que calma a tu hijo, él te lo muestra si te mantienes atento.

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