Comida en familia y hábitos alimentarios saludables
Del puré a la comida en familia
A partir más o menos del primer cumpleaños, tu hijo puede participar cada vez más en las comidas familiares. Ofrécele variedad en trozos pequeños, condimenta con moderación y deja que descubra por sí mismo. Comer en familia es el mejor maestro.
Los niños pueden elegir cuánto comen
Un reparto que funciona bien: tú decides QUÉ se ofrece y CUÁNDO, y tu hijo decide SI come y CUÁNTO come. Esto evita las luchas de poder y refuerza una sana sensación de saciedad. Confía en el apetito de tu hijo.
Lo nuevo necesita paciencia
A menudo los niños tienen que ver un alimento nuevo diez veces o más antes de aceptarlo. Ofrécele de nuevo, sin presión, lo que ha rechazado. Nada de obligar ni de premiar por terminar el plato: a la larga suele ser contraproducente.
Juntos y sin pantallas
Las comidas en familia sin móvil ni televisión favorecen el disfrute, el lenguaje y el vínculo. Implica a tu hijo en la compra, el lavado y la preparación: quien participa come con más curiosidad. Comed juntos siempre que podáis, eso marca para toda la vida.
Dulces y bebidas
El agua es la mejor bebida; las bebidas azucaradas, mejor de vez en cuando. Los dulces no tienen por qué estar prohibidos, pero sí tomarse de forma consciente y con moderación. Las prohibiciones suelen hacer los dulces aún más interesantes; un trato relajado y claro suele funcionar mejor.
Ser un buen ejemplo
Los niños comen lo que ven en casa. Si la familia disfruta de la verdura, come con gusto y tiene una relación relajada con la comida, el niño adopta esa actitud. No tienes que ser perfecto: tu ejemplo cuenta más que cualquier norma.
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